martes, 4 de febrero de 2014

Genma Pardo, la voz de los buses urbanos de A Coruña

«Mis amigos me llaman ‘la Sinatra de los autobuses’»
 
Esta actriz y periodista es quien anuncia las paradas a los usuarios 

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Foto de Paco Rodríguez
Reza el dicho que «si la voz del locutor le enamora, no se pase por la emisora», no sea que se lleve un chasco, claro. En este caso, cero chascos. La agradable voz que se escucha en los autobuses urbanos de A Coruña se corresponde con una betanceira risueña y entrañable. 

—¿Se le hace raro escucharse a sí misma cuando viaja en bus? 
—Todavía no me ha pasado. Me da un poco de reparo probar. Creo que se me haría raro... 

—¿Cree que le cohibiría? 
—Me resultaría muy extraño. ¿Y si abro la boca para preguntarle algo al busero y la gente me identifica? Solo me he escuchado alguna vez en las paradas, cuando estoy en la calle, de repente pasa un bus, se abren las puertas y suena mi voz. 

—Pero no habrá dejado de subirse al bus por eso, ¿no? —No, qué va... Lo que pasa es que ahora tengo coche y no lo utilizo mucho. Pero he sido usuaria de autobús toda la vida, ¿eh? Frecuentemente. 

—¿Qué le dice su familia? 
—Mis padres están muy orgullosos y mi chico sí que me escucha. Va todos los días en bus desde la plaza de España hasta la calle Barcelona, de su casa al trabajo. A veces, estoy hablando con él por teléfono y se oye mi voz de fondo. Él me dice de broma: «Te tengo hasta en la sopa», ja, ja... 

—¿Y sus amigos? ¿Mucho chiste o no con el tema?
—Sí, mis amigos me dicen: «Eh Genma, ahora es la voz, eres La Sinatra de los autobuses». O me piden que diga una parada para ver si suena igual. Hay quien no sabía que había hecho yo ese trabajo y me llaman comentándomelo. «Oye Genma, ¿tú no serás la del bus?». Porque, claro, al resultarles una voz conocida, se les hace raro escucharme. 

—¿Cómo fue la grabación? 
—Lo hicimos en una tarde, hace unos cinco meses. Fue en Drum&Roll Studios, con Iago y Lara, que son majísimos. Les estoy muy agradecida. Ahora me llaman cuando hay que cambiar el nombre de alguna parada. 

—¿Se preparó de alguna manera especial? 
—Para este tema, lo único que tiene un poco de intríngulis es coger el tono. Lo que hice fue escuchar las locuciones del metro de Madrid antes de la grabación, para tener algo como referencia. O pensaba en la megafonía de los aeropuertos. Me ponía en situación y pensaba en cómo le sonaría a la gente, en la mejor manera de llegarles. 

—Pues las voces del metro de Madrid tuvieron un problema con Manu Chao. Demandaron al cantante por utilizar la grabación de una parada, «Próxima estación, Esperanza», en un tema. ¿A usted le fastidiaría que le pasase eso? 
—En absoluto. Si me lo hiciese a mí, me sentiría orgullosa. Supondría una repercusión enorme, imagínese. La gente preguntaría «¿Quién es la chica de la voz que sale en esa canción?». 

—¿Se le atascó alguna calle en la grabación? 
—No, la única que te puede suponer algo de dificultad, si cabe, es la ronda de Outeiro. Con tanto diptongo, tiene su historia. 

—A ver... Oouu-teeii-ro. Pues sí. 
—Es que primero tienes que abrir las vocales y luego cerrarlas. A «la voz» de los buses se le hace «raro» subir al bus.

María Yribarren, propietaria de la tienda New Wave, especializada en «Bodyboard»

«Con la crisis han salido hasta ‘Hacendados’ de los neoprenos»  

La empresaria abrirá este verano la primera escuela de «bodyboarders» 


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Esta es la foto que le hizo César Quián a María Yribarren para La Voz de Galicia
Aunque hayan visto bodyboarders escrito en la línea de arriba, los practicantes de este deporte reciben, en realidad, el apelativo «cariñoso» de corcheros, en referencia al material del que están hechas las tablas con las que se lanzan al mar. Son las que vende María Yribarren López (A Coruña, 1981) en New Wave (Cordelería, 6), la primera tienda especializada en bodyboard que abrió en España. 

—¿Al surf también le afectó la crisis? 
—Se tuvo que reinventar. Con la crisis, han salido marcas más baratas, como si fueran «Hacendados» de los neoprenos. 

—¿Marcas blancas para surfeiros? Resulta extraño oírlo. Es un público muy purista con las marcas, ¿no? 
—Sí, pero cada tabla está hecha a mano por un shaper. Y es el público más informado que hay. 

—Solo falta que el surf se tome en serio para potenciar el turismo, por ejemplo. Sería una mina. 
—Ese es un tema por explotar. En un futuro próximo, Galicia tendrá tanto turismo por el surf, como el País Vasco. También es que en la escuela pública vasca el surf y el bodyboard son asignaturas extraescolares. 

—Caray, ¿con quién hay que hablar para que hagan eso aquí?
—Pues en Oleiros no queda mucho para que hagan eso, creo. 

—Con lo de la famosa ola gigante de Nazaré, ¿se ha ido mucha gente a Portugal? 
—¡Buf! En Portugal nos llevan años de ventaja, allí sí que hay tiendas exclusivas de bodyboard. Aquí somos la única. Nuestra idea es abrir este verano la primera escuela de este deporte en A Coruña.

—Luego saltó la noticia de que en Corme hay otra ola enorme, como la de Nazaré. 
—La ola de Corme ya era conocida. El año pasado vino un francés a cogerla y los de allí le decían que si estaba loco. Aquí hay miles de olas por descubrir aún.  «Aquí hay miles de olas por descubrir aún», afirma la empresaria especializada en bodyboard, María Yribarren López.

domingo, 19 de enero de 2014

Teresa Nine, campeona de ping pong: "Empezamos a tener público cuando nos pusimos la falda"

«Es muy triste que fuera por ese motivo», dice la jugadora coruñesa 

Teresa Nine, fotografiada por Marcos Míguez para La Voz
A Cristiano Ronaldo no le puedes ganar al ping pong porque, si lo haces, te perseguirá hasta conseguir ganarte él a ti. Esta anécdota, contada por los amigos del ahora Balón de Oro el pasado lunes, podría aplicarse a Teresa Nine (A Coruña, 1983). Fue campeona estatal de tenis de mesa en el año 2012 y ahora se dedica a entrenar a las futuras promesas de este deporte. 

—Lástima que a las mujeres deportistas les cuesta el doble abrirse paso. 
—La discriminación es brutal. Y eso que se montan comisiones como La mujer y el tenis de mesa, pero luego solo sirven para conseguir subvenciones. Ese dinero no se destina a potenciar a las chicas. 

—Debería dedicarse a eso y a erradicar clichés, ¿no? 
—Claro. Cuando empecé a competir, todas las chicas jugaban con pantalón corto. Así que yo, y luego otras jugadoras, decidimos pasarnos a la falda por comodidad y fue ahí cuando las gradas empezaron a llenarse de público. Es muy triste pero, antes de jugar con falda, no había nadie viendo nuestros partidos. 

—Triste y un poco vergonzoso. 
—Sí. Empezamos a tener público cuando nos pusimos la falda. Hasta ese momento, solo se habían quedado a vernos nuestros padres y poco más. 

—¿Diría que el tenis de mesa es un deporte, además de minoritario en la actualidad, bastante minusvalorado? 
—Es uno de los deportes con mayor número de licencias federadas que hay en Galicia. Eso sí, no te da para vivir. Sobre todo si eres chica. 

—Póngamelo en cifras. ¿Cuánto menos cobran ellas? 
—Una jugadora profesional puede ganar unos 600 euros al mes. Y, si es un chico de la misma categoría, el doble. 

—Me temo que eso, hoy por hoy, pasa en todos los deportes. 
—Se valora más el peinado de Sergio Ramos que las medallas olímpicas de Mireia Belmonte. 

—Se habló más del gesto de Di María, que de que Jennifer Pareja ha sido elegida la mejor jugadora del mundo de waterpolo en el 2013. 
—No puede ser. Si miras el palmarés, el 80 % de los medallistas olímpicos son mujeres. Pero el deporte femenino no se promociona ni se valora en absoluto. En tenis de mesa, tenemos a jugadoras que están ganando medallas a nivel europeo. Yo entreno a dos niñas en el Arteal [el equipo en el que trabaja], Judith Cobas y Belén Calvo, de 13 años, que están pisando muy fuerte y van de primeras en la liga a nivel nacional. 

—Menos mal que hemos empezado la semana con las jugadoras de la selección gallega de rugbi en la primera de La Voz, por su bronce en el campeonato de autonomías. 
—Poco a poco, pero es una reivindicación a gritos. El tenis de mesa femenino solo sale en la tele cuando sacan a los chicos. 

—De rebote, vamos. 
—A mí eso me duele en el alma. 

(Sigue...)

domingo, 12 de enero de 2014

Naíma Acuña, batería de jazz: "Me llevaron a ver a Miles Davis cuando era un bebé"

Es la única instrumentista de jazz que toca la batería en A Coruña 

Ya tenía a los quince años la licenciatura en Jazz Performance por la prestigiosa escuela Guildhall de Londres.

Naíma fotografiada por Eduardo Pérez para La Voz
Se ha criado entre viejos vinilos de jazz, que todavía sigue escuchando. Su nombre remite al tema que John Coltrane le compuso a su mujer, Naíma. La otra Naíma, la nuestra, es la única batería de jazz en muchos kilómetros a la redonda y espera que llegue un día en que eso a nadie le sorprenda. 

—¿Por qué el jazz? 
—Por mi padre [es hija del maestro Jose Antonio Acuña, director de la Escuela Municipal de Música], que me ponía discos y discos de este estilo cuando era pequeña. Siempre cuenta que, cuando no tenía ni un año, me llevó a un concierto de Miles Davis, en Londres. 

—Memorable pero arriesgado. Imagínese que rompe a llorar en plena actuación. 
—Al parecer, estuve con los ojos muy abiertos durante todo el concierto y sin llorar en ningún momento. Ni me moví ni protesté. 

—Así que se ha pasado la vida pegada al jazz. ¿En su casa, en vez de celebraciones familiares, hacen jam sessions? 
—Pues hacemos muchas, sí... [Risas] En una de las últimas, nos pusimos a tocar en el jardín y, cuando nos dimos cuenta, estaban todos los vecinos escuchando y aplaudiendo. 

—¿También le aplauden cuando ensaya? Lo digo porque, a veces, tener de vecino a un músico profesional acaba mal. Léase el caso reciente de la pianista que fue llevada a los tribunales.
—Bueno, yo tengo insonorizada la habitación donde ensayo, pero, aún así, algo se oirá. 

—¿A qué edad empezó a tocar?
—La batería, a los once años. Yo ya tocaba, y toco, el piano, pero un día me propusieron cubrir a un batería y hasta hoy. 

—Es la única batería de jazz que hay por la zona. ¿Por qué tan pocas? 
—No lo sé. Por aquí no conozco a ninguna. Está Lucía Martínez, que es de Vigo y ahora sigue con su carrera en Berlín, pero poco más. Conozco chicas baterías de otros estilos, como el pop o el rock, eso sí. 

—Es raro ver a mujeres triunfando en el jazz. Cantantes sí, empezando por Bilie Holiday, pero ¿instrumentistas? 
—En España es poco habitual, pero empieza a haber más mujeres. Fuera no es raro, hay gente muy consagrada en Boston. 

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martes, 7 de enero de 2014

Ana Inés Jabarés, escenógrafa: "Antes de ganar el Linbury, llegué a enviar cien currículos en un solo día"

Y aquí, la fotografía que le hizo Paco Rodríguez.
En el mensaje de Nochebuena del rey, es un escenógrafo quien decide colocar al monarca delante de una foto familiar, junto al belén o solo con la bandera de España. El asunto da para sesudas interpretaciones, así que imagínense lo que es esa labor en el teatro, la ópera, una película o el vídeo musical de Beyoncé. A todo eso se dedica Ana Inés Jabares Pita (A Coruña, 1987). Ha sido recibir el premio Linbury de escenografía y que todos los directores artísticos de los teatros de Inglaterra quieran trabajar con ella. 

—Es el premio más prestigioso al que puede aspirar un escenógrafo en ciernes. 
—Te permite avanzar diez años de golpe en tu carrera. En el jurado estaba, por ejemplo, Es Devlin, la escenógrafa de Lady Gaga y de la ceremonia de clausura de las últimas Olimpiadas. 

—Que ahora conoce su trabajo. 
—Sí, esto me ha permitido empezar a vivir de lo que me apasiona y darme a conocer. Desde que gané el premio, recibo ofertas de trabajo todos los días. 

—Usted ya estaba ahí pero, de repente, todos la ven. 
—Tengo la misma experiencia que hace un mes, pero ahora me llaman directores artísticos de todos los teatros de Inglaterra. Esto es un poco de locos... 

—¡La visibilidad que da un premio! La pillo en plena transformación de junior a senior. 
—Hasta ahora vivía en una habitacioncita de 10 m2 en Londres, y ahora tengo que coger un estudio, contratar asistentes, tener un agente... Estas son mis últimas vacaciones en años, probablemente. 

—¿Se imaginaba que conseguiría alcanzar sus metas tan pronto? 
—Tras acabar el máster de escenografía en la Royal Central School of Speech and Drama de Londres, dediqué un año entero a conseguir trabajo. Me puse ese plazo de tiempo. Si no lo conseguía, me buscaría otra cosa. 

—Le salió bien la jugada. 
—Estoy que no me lo creo. 

—Pero una no nace queriendo ser escenógrafa. No es una profesión muy común. ¿Cómo llega a este mundo? 
—Yo no decía de pequeña «quiero ser escenógrafa». Pero ahora veo que lo tengo todo: pintura, escultura, música, iluminación, vestuario, maquillaje... 

—Todo lo que le gusta. 
—Sí, y en una sola profesión. Hago teatro, cortos, películas... Me interesa también el Site-Specific. Te dan un espacio —una casa, un almacén, un bar...— y tienes que montar una obra de teatro en ese sitio. 

—La ópera es su especialidad. 
—Es lo que más me atrae. Me gustaría abrir la ópera a otros públicos. Sé que se puede hacer que vaya más gente joven. Además, mi formación musical _estudio canto desde niña y he actuado tanto con el Coro Joven de la Orquesta Sinfónica de Galicia como con el coro Gaos_ me permite aportar la mirada del intérprete a la escenografía. 

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viernes, 3 de enero de 2014

«Hubo un año en el que vendí la angula a 1.200 euros el kilo»

MERY MALVAREZ 43 AÑOS COMO PLACERA

Mery nos contó que "cualquier día
en la plaza, hay centollos más grandes
 que este". 
Foto de Marcos Míguez

La conocen como Aurora La Gitana, pero, ni se llama Aurora, ni es gitana. María de la Merced Malvarez Fernández (Maniños, Fene, 1954) es una de las pescantinas más veteranas de la coruñesa Plaza de Lugo, al frente del puesto n.º 1 desde hace 43 años. Dice que su esquina es «como la consulta del psicólogo» y no se quita los tacones ni para ir al Muro. «Total, con zapato plano se resbala igual». 

—¿A cuánto iba el marisco más caro que ha vendido nunca? 
—Hubo un año en el que vendí la angula a 1.200 euros el kilo. 

—¿Es la angula la reina de la Navidad? 
—No. Para mí las reinas de la mesa son la centolla y la almeja. Son lo que más rinde y no son lo más caro. 

—¿Qué es lo más caro en esta época del año, entonces? 
—El camarón y el percebe. También la cigala se encarece muchísimo en Navidad. 

—Percebe de Corme o de Cedeira. ¿Con cuál se queda? 
—Depende. La misma piedra, según la bata el mar, puede dar un tipo de percebe u otro. 

—Así que usted ya se conoce hasta los lados de las piedras. No me diga más. 
—Yo miro el percebe y no necesito que me digan de dónde   es. En el Muro hay que tenerlo muy claro porque, a lo mejor, hay diez vendedores ofreciendo su mercancía a la vez. 

—¿La clave es llegar el primero? 
—Por mucho que madrugue, siempre va a haber alguien que llegue antes que usted. Yo me levanto a las cinco y llego para la subasta, que es a las seis y diez. 

—¿Qué hay de cierto en eso de que el marisco sabe mejor en los meses con «r»? 
—Es que antes las vedas eran de octubre a marzo y, ahora, cada cofradía maneja los tiempos a su antojo. En verano, por el turismo, se abren más vedas. 

—¿Quiénes saben comprar mejor: los hombres, las mujeres o los restaurantes? 
—Los hombres se dejan aconsejar más. Las mujeres son más fieles al mismo puesto. 

—Y el que no sabe comprar, ya no va a la plaza, por miedo a que le engañen. 
—Me da mucha pena el tema del engaño, porque sí que lo hay. Que te cobren por una centolla vacía casi lo mismo que por una llena, eso es engaño. 

—Mientras, en las cetáreas se arremolina la gente. 
—Eso pasa desde que abrieron sus puertas al público minorista. Ahí entra el marisco de muchos lados. Yo trabajo solo con marisco gallego, pero hay muchísima importación. Sabemos lo que vendemos porque sabemos lo que compramos. 

—¿Cómo van las ventas? ¿Se nota un poco de alegría ya? 
—Sí, la gente está perdiendo el miedo a consumir. 

—Usted que puede escoger lo que le dé la gana, ¿qué marisco se lleva a casa en estas fiestas? 
—Mis preferidas son las cigalas a la plancha. Y me encantaría poder seguir permitiéndome comer, una vez al año por lo menos, 50 gramos de angulas. 

—Acláreme si es cierta esta leyenda urbana: ¿Los precios bajan a última hora de la mañana del sábado, cuando la plaza ya está a punto de cerrar? 
—Habrá quien lo haga. Yo no. Me parecería un timo y una deslealtad hacia las personas que van a primera hora. 

—¿Y qué hace con lo que sobra? 
—Hago bolsas y comemos todos. A última hora, a la plaza viene gente con mucha necesidad y siempre hay bolsas de pescado para todo el mundo. Es algo que no se conoce mucho. Yo esto lo veo cada semana. «Cualquier día hay centollos más grandes que estos». 

(Sigue...)

María José Calvo: «Espero que NCG mantenga su compromiso con la Obra Social»

MARÍA JOSÉ CALVO DIRECTORA DEL CENTRO DE MAYORES DE LA FUNDACIÓN NOVACAIXAGALICIA 

Fotografía de Paco Rodríguez
María José Calvo (A Coruña, 1962) entró en «la caja» a los 23 años y hasta hoy. Vivió la época de las vacas gordas y ahora solo espera que el nuevo dueño de NCG Banco «se comprometa con la línea social». 

—¿Cómo fue esa época en la que las cajas tenían dinero para hacer de todo? 
—Fue un momento de mucho bum. Aquí trajimos a Daniel Goleman, Mario Soares, Vargas Llosa, Cabrera Infante... 

—Nunca tal se viu, despois. 
—Hubo conferencias de mucho nivel. En la de Vargas Llosa se desmayó una chica. Era el mes de julio de 1997, hacía calor y el salón estaba lleno. Cuando el escritor se enteró, nos dijo: «Me siento como una estrella del rock. ¡Jamás se había desmayado nadie en mi presencia!». 

—¿Qué le parece la compra de NCG por parte de Banesco? 
—Lo deseable es que siga teniendo el mismo compromiso con la obra social que tiene NCG. Yo quiero ser prudente, pero también soy optimista. Esperemos que sea para bien. 

—¿Estaban los usuarios inquietos con el tema? 
—Lo estuvieron más el año pasado, creo yo. 

—¿Corre peligro la Fundación, con los vaivenes del banco? 
—Nos han cambiado las reglas del juego, pero soy optimista. Vamos en la línea de autogestionarnos. Y existe un remanente de dinero del que podemos tirar. 

—En la presentación del 50 aniversario dijo que el centro no es un «almacén de viejos». ¿De quién se estaba defendiendo? 
—Eso se lo dijo un hombre de ochenta años a una de las chicas de la cafetería, Nevi. Le soltó: «Yo por aquí no vengo, que esto es un almacén de viejos». 

—Y me imagino que le sentó fatal. A Nevi y a todos. 
—Es que lo dijo en plan despectivo, así que Nevi le soltó un discurso que no veas. Aquí hay gente mucho más joven que ese señor. Y otra, con más edad, pero con más vida social y el cutis mucho más terso que yo. (Risas) 

—Han sido pioneros en esto del «envejecimiento activo». ¿Les miraban con cara rara cuando empezaron? 
—A muchos les costó entenderlo. Aquí los hombres solo venían a jugar al billar y a las cartas. Y en cambio ahora... 

—El pasado viernes, los socios festejaron el 50 aniversario del centro con un flashmob en el Cantón y ahora planean hacer un grafiti en la fachada. ¿Están que lo tiran de moderno? 
—¡Sí! (Risas) Pero también hicimos un guateque de los sesenta que triunfó. Se ventilaron las entradas en dos días. Y vinieron los niños de la guardería de Novacaixagalicia, que está aquí al lado. Fue precioso porque algunos de nuestros usuarios tienen a los nietos allí. 

—¿Tiran esos nietos más de sus abuelos? ¿El síndrome del abuelo esclavo ha ido a más con la crisis?
—Sí, eso se nota. Algunos han reducido las horas que pasaban aquí, porque sus hijos les necesitan más. Puedo decir que sí, vienen a menos actividades. Un flashmob en el Cantón festejó el 50º. aniversario del centro el viernes María Jose Calvo, vestida de azul marino, posa con una de las socias del centro. 

(Sigue...)

lunes, 16 de diciembre de 2013

Berta Dávila, fotografiada por Alexxander
Ten o falar de Berta Dávila (Santiago, 1987) un aquel de tranquilidade que contaxia á xornalista. Vén de gañar o Premio de Narrativa Breve Repsol, por O derradeiro libro de Emma Olsen e está feliz. Conversamos sobre librarías, lecturas e escrituras xunto a un café con leite. 

—¿Cal foi o verso que lle incitou a escribir? 
—Moitos... Hai un de Jaime Sabines que di: «Quiero darte a nadie para que vuelvas a mí sin haberte ido»; outro de La Regenta: «Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro»; e hai un verso de Lupe Gómez que me persigue absolutamente: «Galiza non son imaxes, son restos». Gustaríame ter escrito algo así, algo que puidese levar tatuado. 

—¿Nunca se cansa de ler? 
—Eu teño a vista cansa dende os oito anos. Leváronme ao oculista porque me doían os ollos e púxome unhas gafiñas de vista cansa que aínda sigo utilizando. 

—¿Por ler moito? 
—Si. Miña nai ameazábame con quitar os libros para que fixera as cousas: «Como non acabes de merendar, non vas ler», dicía. 

—¿Gusta de ler en dispositivos electrónicos? 
—Só para ver prensa, blogs... Vexo normal que a tendencia vaia cara o tema electrónico, aínda que eu non o fago. Non porque o deoste nin moito menos. 

—Mostra de que non é totalmente analóxica é o seu blog, «Confabulario Novo». 
—Claro, non son doutro século, pero nunca fun capaz de ler cincuenta páxinas seguidas nun dispositivo electrónico, quitando os xornais. Ademais eu son de apuntar cousas, subliñar, tomar notas... 

—¿Marca a páxina? 
—Iso tamén. Por arriba, marco por onde vou; e por abaixo, cando me gusta unha cita. 

—No seu blog, chamoume a atención unha entrada na que dicía que lle fascinaban as notas de suicidio como xénero literario. 
—Falaba dese tipo de citas que parecen estar escritas para a literatura e non para os seres queridos. E relacionábao co meu de Emma Olsen, que non é unha nota de suicidio, pero é esa idea de que contarías se fose o último que tes que contar. 

—¿Por que está tan presente a música nos seus libros? Hai un verso de «Raíz da fenda» (2012) no que di, logo da morte dun ser querido: «¿Serei tan cruel para volver a escoitar música?». 
—Ese verso fala dos primeiros momentos nos que un afronta a perda de alguén. A pregunta é se serei tan cruel como para recuperar as rutinas intranscendentes da vida, ou para volver de novo á dispersión. 

—¿Porque sería como unha traizón á persoa que xa non está? 
—Si, iso é. Puxen a música porque me pareceu o contrapunto á sensación de loito. O derradeiro libro de Emma Olsen escribiuse cun playlist, que é un disco coas vinte cancións que eu escoitaba obsesivamente mentes escribía. 

—Entre elas está «Only the lonely », de Roy Orbison. 
—Cheguei a pensalo como título para a novela, pero o de «Só os solitarios» non me gustaba. O disco Mistery girl tamén aparece. «Teño gafas de vista cansa dende os oito anos por ler tanto».

(Segue)

lunes, 9 de diciembre de 2013

Victoria G. Dobarro, coordinadora de la DGT en Galicia: "Me pusieron una multa que me sirvió de cura de humildad"

Es la primera mujer que ocupa la jefatura de Tráfico en A Coruña y también la primera coordinadora de la DGT en Galicia 


Victoria Dobarro, fotografiada por Marcos Míguez
Imagínense lo que tiene que ser que a la jefa del organismo que pone multas le pongan una multa. Pues a María Victoria Gómez Dobarro (Pontevedra, 1968) le pasó cuando era jefa provincial de Tráfico en Pontevedra. «A- 52. Puebla de Sanabria. Iba por una recta interminable y no me di cuenta de que me había excedido un poco en la velocidad». 

—¿Una jefa de tráfico no se quita sus propias multas de tráfico? 
—¿Cómo me la voy a quitar? La pagué, como todo el mundo. 

—O sea, que tampoco la recurrió. 
—No. Me dio mucha rabia y me sirvió de cura de humildad. 

—Pero, ¿es partidaria de subir a 130 la velocidad máxima en carretera? 
—En carreteras buenas y con vehículos buenos es una velocidad más que asumible. Hay que ver en qué condiciones y con qué requisitos se establece.

—En la A8 se está multando por circular a 131. ¿A partir de qué velocidad saltan exactamente todos los radares? 
—Depende del equipo. Antes el margen era de un 10 % y, ahora, de un 6 %. Los aparatos son cada vez más sofisticados. 

—En un día como el de hoy, con la operación retorno, ¿sufre pensando en los accidentes y atascos que pueda haber? 
—En Galicia este tipo de operaciones no son tan significativas como las que vemos en Madrid. Me preocupo más cuando llevamos varios días de lluvia y sale el sol. Pienso en las motos. 

—Cuando va por la carretera, ¿nota que se conduce mejor? 
—Noto que se ha reducido la velocidad media. Aunque te rebase uno por la autopista, se incorpora al carril otra vez. 

—De todas formas, se sigue «fardando» mucho de correr. A todo el mundo le lleva una hora menos ir a Madrid. 
—Pero la respuesta de la sociedad es distinta. Ahora te preguntas: «¿A cómo iría este?». 

—Parece que, con el alcohol, no hay ese cambio de mentalidad. 
—Cuesta más. Lo habitual es que, en un fin de semana, recojamos unos 100 positivos en los controles. Es una cifra alarmante. 

—Si nos volviéramos a examinar del carné, ¿cuántos de nosotros cree que suspenderíamos? 
—No lo sé, pero ahora las preguntas son más claras y concisas. 

—Y ya están informatizadas. 
—Sí, estamos muy contentos e ilusionados con el teórico informatizado. Aunque el otro día falló, de manera puntual, eh... Pero bueno, tiene muchas ventajas. 

—¿Cuál es la principal infracción que se comete en Galicia? 
—Exceso de velocidad, alcoholemia, el uso de los sistemas de seguridad y el teléfono móvil. 

—En cuanto a los sistemas de seguridad, ¿no podrían organizar unos cursillos para los padres que nunca saben si la silla de su bebé está bien o mal colocada? 
—Pues probablemente sí. Por lo que veo, debe ser complejo instalarlas adecuadamente. 

—No le voy a preguntar quién lo hace mejor, pero ¿hay diferencias entre hombres y mujeres a la hora de conducir? 
—Creo que las mujeres respetan más las normas. La prueba es que, más del 85 % de los conductores que pierden todos los puntos del carné, son hombres.  

(Sigue)

María Luisa Suárez, costurera del Complexo Hospitalario de A Coruña (CHUAC): «Una de mis tareas consistía en hacer los sujetadores de las monjas del hospital»

Hasta que se jubiló el mes pasado, fue la trabajadora más veterana del complejo hospitalario coruñés 

«Los camisones abiertos son para la gente que está encamada o para ir a quirófano» 

Fotografía de Paco Rodríguez
Escribir que María Luisa Suárez García (Oseiro, Arteixo, 1949) se ha pasado el tiempo entre costuras es una obviedad pero, dado que confiesa estar «enganchada» a la historia de María Dueñas, empezamos por ahí. 

—¿Sabe que la adaptación de la novela a la tele ha disparado la venta de máquinas de coser? 
—No me extraña. Esa serie me encanta, estoy enganchada. 

—Usted tendrá más de una, ¿no? 
—En mi casa tengo la que me compró mi madre a los trece años, una Singer. Es la que siempre utilicé. Nunca fue a arreglar y cose de locura. En el hospital, pasé por tres máquinas distintas. La última fue una Refrey. 

—Así que no desconectaba del trabajo cuando llegaba a casa. 
—¡Qué vaaa! Yo cosía para mis hijos, para mis sobrinas... Abrigos y de todo. Los de marinerito, con los botones dorados, ¿sabe?

—Sí. ¿Los hacía usted? 
—Sí. También hice la ropa de mis hermanas. Y somos seis. 

—¿A qué edad empezó a coser? 
—Profesionalmente empecé a coser por las casas a los catorce años, para gente muy importante de A Coruña. A los 18 entré en el hospital. Era el año 1968. Me dejó la plaza una tía mía. 

—¿Y la cogieron así, sin más, o tuvo que pasar una prueba? 
—Tuve que pasar unas pruebas, claro. Se trataba de hacer una bata, un delantal y una cofia. 

—Una bata de médico. 
—No, una bata de pinche. La primera bata de médico que hice fue para el doctor Calderón, traumatólogo. Era muy conocido. Vivía encima del cine Equitativa. 

—¿Quién vestía mejor? ¿Había algún George Clooney por ahí? 
—Nunca tuve mucho tiempo para fijarme, ¡siempre anduve a cien por hora! Déjeme que piense... Era apuesto el doctor Pernas; y el doctor Bayo, también. 

—Así que lo primero que hizo fue una bata. ¿Y lo último? 
—Como estoy operada de las manos y de los ojos, últimamente me dejaban coser muy poco. Hacía pequeños arreglitos de ropa, porque viene todo de fábrica. 

—¿Cuál fue el uniforme más difícil de hacer? 
—Los hábitos de las monjas, pero nunca tuve que hacer ninguno. Una de mis funciones consistía en hacerles la ropa interior, los sujetadores, las cofias... 

—¿Les tomaba las medidas? 
—Lo hacía a ojo. Se lo probaban y, si no les servía, se arreglaba. 

—¿Cuánto tarda en coser un botón? 
—Un minuto. Y un ojal, tres minutos. Un dobladillo, depende. 

—¿Qué canta cuando cose? 
—No canto nada. Escucho la radio. Aquellas radionovelas de antes eran estupendas. 

—Terminada esta etapa, ¿se considera feliz? 
—Solo tengo palabras de agradecimiento para todos. Sobre todo para el señor Albaina, que era el administrador. Se portó como un padre conmigo. 

(Sigue)